sábado, 26 de octubre de 2013

Zaida y Martita: Parte 1.



"Mi vida es muy triste sin ella, no está, ¿cómo puedo ser feliz sino tengo tus miradas? ¿cómo una sola personita en la tierra me ha hecho así de feliz y ahora no tengo nada? Todo por culpa de la distancia, de la separación, de no haber luchado por lo que sentía, si es que soy tonta, debería haberme quedado, me debería haberme dado igual el quedarme, aun alejándome de mi familia, porque si ellos no me aceptan, tendrán que aceptarme por obligación, porque mi verdadera familia, es Marta, es ella con quien quiero compartir mi vida, joder." 

De esta manera, Zaida se torturaba cada uno de los días que no estaba con Marta, debatiéndose entre esos pensamientos que la azotaban noche si, noche también, había sentido algo muy fuerte por aquella chica, y no había conseguido olvidarla. Ellas solían vivir en la misma ciudad, juntas se descubrieron a sí mismas, ambas entraron en eso que llamamos armario, por amarse, por quererse más allá de las normas y de lo permitido en aquella pequeña ciudad. Estuvieron varios meses juntas, de risas, de cuentos, de besos eternos y de momentos que jamas olvidarían, construyendo algo muy bonito entre las dos. Se escondían en un parque que las dos conocían muy bien, y ahí sobre una toalla en el césped pasaban horas y horas besándose, dándose mimos y jurándose que estarían juntas a pesar de todo lo que pudiera venir por ser dos chicas que se quieren.


Pero claro, no era oro todo lo que relucía, los padres de Zaida, eran muy controladores, esa clase de padres para los que a cualquier edad eres su niña y no hay más, haces lo que ellos te dicen; uno de esos días en los que Zaida y Marta iban al parque, el padre de Zaida, las descubrió, tal lió se formó en casa de Zaida, que decidieron llevársela, así que toda su familia se mudó lejos de allí, a varios cientos de kilómetros de donde Zaida conoció a su primer y único amor. Tenía tan sólo 15 años así que no pudo oponerse al traslado.


-Cariño, me tengo que ir, lo siento, te voy a esperar, quiero que me esperes por favor - Zaida
-¿Có..cococomo que te vas?- musitó Marta entre sollozos- ¿A donde? ¿Y yo que? ¿Me vas a dejar aquí sola? 

En ese instante, todos los momentos vividos juntas pasaron por la cabeza de Marta, rapidísimo, sin pararse en ninguno, porque todos habían sido perfectos. No podía creerse que todo iba a terminar de un plumazo.



-Lo siento, es mi padre, nos ha pillado, quiere que me aleje de ti, me obliga a irme, pero tranquila, que no te voy a olvidar, que vendré a verte, te lo prometo, ¿te acuerdas cuando nos escondimos en aquel seto, te di la manita, y te juré que siempre serías mi niña? - Respondió Zaida, con templanza, quería estar tranquila para centrarse únicamente en que Marta estuviese bien.
-Si, claro que me acuerdo, ¿seguiré siendo tu niña? - Marta



-Serás mi niña, mi pequeña, mi novia, mi mujer y todo lo que la vida nos de, la distancia no va a matarnos ¿vale? Te escribiré, vendré a verte - Zaida
-¿Me lo prometes? - Marta, sonreía por momentos, Zaida había dicho la palabra mujer, mujer, eso significaba algo importante, compromiso, Marta siempre había temido que la alocada Zaida la dejase, pero al mencionar solo esa palabra se sintió mas segura que nunca antes.
-Prometido - Zaida.

Se fundieron en uno de los abrazos mas tristes y cálidos que jamas habían vivido en su piel, se besaron, sabiendo que quizás jamas volvieran a repetir un beso así, sonriéndose una a la otra, pero llorando en su interior, aparentando alegría para hacer esa amarga despedida algo mas llevadero. No podían creerse que en cuestión de horas, todo se estaba acabando.

Zaida era una chica valiente, un poco más alta que Marta, aunque más pequeña de edad que ella, Marta tenía 16, llevaba siempre el pelo recogido, era morena, tenía la carita redonda y unas pequitas que volvían loca de ternura a Zaida, esta en cambio, era rubia, de ojos azules, pero azules cálidos, como sus brazos que recogían a Marta de tal manera que la hacían sentir sana y salva en cualquier situación. Ambas sabían que esta separación les haría daño, calculaban unos 3 años para poder estar juntas de nuevo, y en ese tiempo, se escribirían, y tratarían de ir a visitarse para mantener la llama de amor siempre encendida, o eso pretendían...

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