lunes, 28 de octubre de 2013

Zaida y Martita: Parte 4



Ahí estaba Zaida, andando de seto en seto, de árbol en árbol, caminando cautelosamente pero rápido para no perder de vista a Marta, aunque era imposible que se le fuera del campo visual porque era lo único en lo que se estaba centrando en ese momento. Marta seguía la acera de su calle, iba despacio, parece ser que todavía no había aprendido a patinar muy bien del todo; Zaida empezó a enseñarla cuando su relación comenzó, el primer sentimiento que se le vino a Zaida fue ternura, su pequeña aún no sabía patinar, quizás porque Marta sólo quería ser enseñada por su profe Zaida, y eso le trajo una leve sonrisa a su carita.

Al parecer Marta se dirigía al parque, sí, ese mismo parque donde crearon más de la mitad de los recuerdos que tienen juntas. No estaba muy lejos de su casa, lo cual tranquilizó a Zaida porque no tendría que seguir corriendo detrás de Marta con miedo a que la viera, en el parque Marta se quitaría los patines y con el follaje de los árboles, plantas, setos y tal pues sería bastante fácil no ser pillada en la persecución.

Y así fue, en la entrada del parque, Marta se sentó en un banquito, se quitó los patines, se puso sus zapatos y entró en el parque. Zaida observaba detenidamente la situación, su chica se quitaba los patines, con poca habilidad, siempre era Zaida la que se los quitaba, y luego le hacía la gracia de ser el príncipe poniéndole a Cenicienta los zapatitos, que recuerdos ¿no? Esos recuerdos estaban trayendo a Zaida muy buenas sensaciones, Marta estaba sola, que era lo que Zaida quería, a ver si podía hablar con Marta a solas, sin causarle daño, ni molestarla, solo aclararle todo y luego retirarse o quedarse, como Marta quisiera.

Obviamente Zaida deseaba quedarse, agarrar por el pelo a Marta, besarla, abrazarla, sentir el olor, el cual podía percibir a metros y metros de distancia, quería hacerla reír como solía, quitarle las penas a mordiscos y besos en el cuello. Que Marta volviera a confiar en ella era su principal objetivo.

Marta se adentraba más y más en el parque, Zaida no se lo podía creer, parecía que se estuviese dirigiendo a aquella esquina donde se besaron por primera vez, flipando estaba Zaida... El naranjo seguía igual, luego el estanque de los patos, luego subir el puente para cruzar el río pequeño, y cuentas uno, dos, tres y cuatro árboles, y ahí estaba el sitio secreto de las dos. Siempre ponían varias toallas para estar agusto, se pasaban horas abrazándose, contándose historias, y besándose.

Pues sí, lo que Zaida sospechaba se cumplió, Marta se metió en ese cuarto árbol, puso dos toallas y se sentó. Zaida observaba todo esto desde el árbolito anterior, ¿Ahora que? ¿Entro? ¿Digo hola? ¿La abrazo? ¿Que hago? Zaida barajaba diferentes posibilidades, ¿y si está esperando a alguien y se lo estropeo? Puede que Marta estuviera esperando a otra persona, que no es Zaida, o puede que sí que esperara a Zaida, y que hubiera estado repitiendo estos paseos al parque durante los dos horribles años de lejanía.

Zaida se sentía muy desgraciada, Marta llevaba dos años engañada, esperando a su novia, y su novia no pudo estar ahí, pero no era momento de ponerse mal, era momento de empezar de 0, o bueno, empezar de 1, porque de 0 sería el principio de su cuento.

-¿Eh? ¿Hay alguien ahí? - Marta

Ais , esa voz adorable, dulce, tierna, otra vez, después de un largo tiempo sin oírla volvía su oído a disfrutar de semejante sonido, ahora Zaida necesitaba esa voz a centímetros de su oreja.

Zaida acababa de estornudar, las hojas del árbol estaban rondando por su nariz. Si Marta estaba preguntando si había alguien con tanto ímpetu, era porque no esperaba a nadie, bien, puntito a favor de Zaida.

-¿Hay alguien? Sé que hay alguien, has estornudado dos veces ¿Quien eres? ¿No seras tu mama no? Ya te dije que vendría aquí, me gusta este sitio, me relaja y me calma. -gritaba Marta indignada porque parecía que la estuviesen espiando- ¿Porque no contestas? ¿Quien eres entonces? ¿Belén, Andrea, Paula? Jooo, que me gusta este sitio, que lo entendáis de una vez, que no estoy loca por venir aquí a meditar sola, iros.

El estómago de Zaida sentía mariposillas, emoción, le encantaba oírla así de enfadada porque Zaida con dos besos la ponía a sonreír rapidísimo, estaba nerviosa pero tenía que salir ya, decirle que era ella, que quería verla y explicarle todo, de repente Zaida tosió, estaba cansada apenas había dormido, y tantas emociones tenían su cuerpo fatigado.

-Esa tos, esa tos... la reconocería aunque me cortaran las orejas, ¿Zaida? ¿Eres tu? No, es broma, no puede ser, me estoy imaginando todo. - Marta

La tos se repitió.

-Eres Zaida, estoy segura, ven, acércate, se que eres tu, me da igual que no me quieras y que hayas venido a reírte de mi por esperarte, sal de ahí y acércate aquí ya por favor, llevo dos años viniendo aquí, esperando que ocurra esto, que vengas, te necesito cosita, no se porque no has estado, si me has dejado de querer dime que he hecho mal, ven aquí ya. - Marta

Zaida, a punto de llorar de tristeza y emoción, Marta la esperaba a ella, la llevaba esperando todo ese tiempo, con pequeños pasos se acercó, y tras todo ese caos de distancia y separación, las miradas de ambas se cruzaron.









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